En sesiones con mis consultantes he escuchado todo tipo de historias y experiencias. Pero las que escucho de muchas mujeres me confirma que tienen un arma secreta para afrontar adversidades en tantos frentes de la vida: la resiliencia.
Fotografía de Noah Buscher en Unsplash
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Más que una fortaleza extraordinaria, la resiliencia es la capacidad de adaptarse, recuperarse y seguir adelante aun en medio de la vulnerabilidad y las exigencias de la vida cotidiana.
Lee aquí: ¿Qué es la Resiliencia?
Las exigencias a la Mujer
En sesiones varias consultantes me han comentado que se sienten decepcionadas de ellas mismas. Cuando les pregunto por qué sus respuestas me hacen ver el poder que tienen los ideales contemporáneos: porque no son la madre, la pareja o la mujer que según ellas “deberían ser”. Cuando indago un poco más sobre estas creencias me doy cuenta de la exigencia que se hace a la mujer en el mundo actual abierta o secretamente. ¿Qué se le exige? Que lo que haga lo haga bien e incluso, de forma “ideal”. ¿Dónde se le exige? En todos los ámbitos. Aquí una lista de cosas que diversas mujeres me han comentado en sesión:
*Que sea una buena esposa/novia/pareja, casi casi que pueda leer la mente de su pareja para anticiparse a cualquier necesidad
*Que le cocine lo que le gusta a su pareja cuando se le antoja
*Que le tenga la ropa lista y bueno, impecable
*Que tenga la casa reluciente
*Que tenga surtida la despensa
*Que sea una madre “ejemplar”
*Que sea una madre “ideal”
*Que eduque “bien” a sus hijos
*Que esté al tanto de las cosas de la escuela de los hijos, de los amigos de los hijos, de sus clases extra, etc., etc., etc.
*Que escuche a su pareja cuando este tiene ganas de hablar, pero cuando ella quiere que la escuche la cosa cambia.
*Que resuelva cualquier pendiente
*Que no haga tanto pancho cuando su pareja sale con sus “amigas” mujeres
*Que sea entrona
*Que baje de peso
*Que suba de peso
*Que se arregle bien
*Que no se arregle tanto (¿o a quién le quieres coquetear?, me dijo una chica a quien su novio se lo mencionó)
Que en el trabajo :
* Haga bien su chamba, aunque le paguen menos que a sus pares hombres
*Que sea eficiente si quiere un ascenso, aunque a sus colegas hombres los asciendan a veces con menores esfuerzos y méritos.
* Que se conduzca a veces más como hombre que como mujer
* Que no sea tan blandita y sentimental
* Que demuestre sus ovarios
* Que se vuelva una c@b&0n@
* Que siempre no, que no sea tan c@b&0n@
*Si trabaja y tiene hijos, que haga malabares y magia para cuando salga vaya corriendo a atender casa, hijos, y según el caso, pareja.
*Y un laaaaaargo etcétera.
No tiene nada de malo ser fuerte, responsable o capaz de enfrentar momentos difíciles. El problema aparece cuando la fortaleza se convierte en una exigencia permanente y la mujer siente que debe poder con todo, todo el tiempo.
Lee aquí: La Sábila – Resiliencia hecha planta
Resiliencia no es = a ser invulnerable

Muchas de las mujeres que he acompañado a lo largo de los años no se sienten suficientemente buenas, a pesar de estar sosteniendo mucho más de lo que una sola persona debería sostener. Intentan cumplir expectativas familiares, laborales, de pareja o maternidad que con frecuencia son contradictorias entre sí.
Con el tiempo esto puede generar agotamiento, culpa, sensación de insuficiencia y una desconexión progresiva de sus propias necesidades.
La resiliencia no consiste en cumplir un ideal imposible. Consiste en desarrollar la capacidad de adaptarse, recuperarse y responder de forma flexible a los desafíos de la vida sin perderse a sí misma en el proceso.
Más que fuerte es ser flexible
De hecho déjame decirte lo mismo que le dije a Marcia: sin vulnerabilidad no hay resiliencia, pues no sentir miedo, el clásico “nunca te rindas” o “a mí nada me afecta” PARA NADA son muestras de resiliencia, son más bien una defensa para no sentirnos vulnerables. La resiliencia implica dejarnos sentir nuestras emociones y reconocerlas como parte natural de lo que sea que estemos viviendo y a pesar de ellas responder de manera flexible ante los retos de la vida. Tal como hace un bambú en vientos fuertes, se dobla y gracias a eso se recupera de cualquier tormenta cuando esta pasa.
Implica reconocer que hombres y mujeres somos muy vulnerables por el simple hecho de llevar una vida humana y que a pesar de ello podemos aprender a navegar las olas de la vida y recuperarnos cuando alguna nos revuelca.
La Resiliencia en la Mujer

Si has llegado hasta aquí quizá te preguntes por qué hablo de resiliencia al referirme a las mujeres. No porque sean invulnerables, ni porque siempre puedan con todo, y mucho menos porque deban cargar solas con las exigencias de la vida.
Hablo de resiliencia porque muchas mujeres desarrollan, desde edades tempranas, una enorme capacidad de adaptación frente a múltiples demandas simultáneas. En distintas etapas de la vida suelen encontrarse sosteniendo responsabilidades familiares, laborales, económicas, emocionales o de cuidado, muchas veces sin el reconocimiento o apoyo suficiente.
Esa capacidad de seguir adelante frente a situaciones complejas habla de recursos internos importantes. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre resiliencia y sobreadaptación.
La resiliencia ayuda a afrontar la adversidad sin perder flexibilidad. La sobreadaptación, en cambio, puede llevar a ignorar necesidades propias, minimizar el agotamiento o permanecer durante años sosteniendo cargas que terminan pasando factura. Por eso reconocer la propia resiliencia no significa exigirse más. Significa reconocer los recursos que ya existen y aprender a utilizarlos de una manera más consciente y sostenible. Algunos ejemplos de dichos recursos son:
+ Atención dividida
+ Cuidado al detalle
+ Planeación
+ Visión a futuro
+ Empatía
+ Compasión
+ Toma de decisiones constante
+ Memoria de trabajo al 100%
+ Paciencia
+ Energía infinita, entre muchas otras más para enfrentar todos los retos del diario que esto implica.
La resiliencia es el arma
La Resiliencia es justamente la capacidad que hace que las mujeres puedan afrontar tantos retos y adversidades en tantos frentes, al mismo tiempo y lamentablemente en la actualidad, muchas veces solas. Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) para 2019, 36.2 millones mujeres de 15 años y más residentes en México, han tenido hijos y de ellas el 9.9% son madres solteras.
La Resiliencia es justamente la capacidad que hace que las mujeres puedan afrontar tantos retos y adversidades en tantos frentes

Hacerte cargo de tantas cosas y afrontar adversidades en tantos frentes (vida personal, familiar, pareja, trabajo) requiere de un cerebro resiliente que tome decisiones más adecuadas, que tenga mayor flexibilidad de respuesta y que se recupere de los atorones de la vida.
No es necesario ser sobreviviente de un desastre natural o una gran catástrofe para ser resiliente. La ocupamos también para los contratiempos y retos del diario: llamar a un cerrajero cuando perdemos las llaves, cuando nos decidimos a tener conversaciones difíciles con la pareja, algún familiar, amigo o compañero de trabajo, cuando perdemos el transporte a nuestro destino y tenemos que buscar otra alternativa.
Al utilizar tus recursos internos, que ya viste son bastantes, estás sacando provecho de tu resiliencia a tu estilo, desarrollando esa fuente de poder interior que te permite hacer frente a los retos y olas de la vida. Sí a todos, hombres y mujeres se nos atora la resiliencia de vez en cuando, pero siempre podemos “desatorarla” y lo más importante, seguir cultivándola en el tiempo, pues es como un músculo que se puede ejercitar.
Lee aquí: Neuroplasticidad: más allá de las diferencias del cerebro del hombre y la mujer
Más allá de resistir
Después de acompañar durante años a mujeres en distintos momentos de sus vidas, he observado algo que se repite con frecuencia. Muchas son mucho más resilientes de lo que creen. Han atravesado pérdidas, cambios, conflictos familiares, desafíos laborales, separaciones, exigencias de maternidad o etapas de profundo agotamiento emocional. Y sin embargo suelen enfocarse más en lo que sienten que les falta que en todo lo que han logrado sostener.
Reconocer tu resiliencia no significa exigirte seguir cargando más peso, tampoco significa convertirte en una persona que nunca se cansa, nunca duda o nunca necesita ayuda. Significa reconocer que ya existen recursos dentro de ti y aprender a utilizarlos de formas que favorezcan una vida más equilibrada, más conectada contigo misma y menos organizada alrededor de la supervivencia. A veces el siguiente paso no es resistir más, a veces es comprender mejor lo que has estado sosteniendo durante tanto tiempo.
¿Te identificaste con alguna de estas experiencias?
Quizá llevas años ocupándote de los demás mientras tus propias necesidades quedan en segundo plano. Tal vez te has acostumbrado a ser quien sostiene, resuelve o acompaña a otros, aun cuando por dentro te sientes agotada. En terapia podemos explorar los patrones relacionales, familiares y emocionales que contribuyen a ese desgaste y desarrollar formas más sostenibles de relacionarte contigo misma y con los demás.
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