La resiliencia: el arma secreta de la mujer

Tiempo de lectura: 7 minutos

 

En sesiones con mis consultantes he escuchado todo tipo de historias y experiencias. Pero las que escucho de muchas mujeres me confirma que tienen un arma secreta para afrontar adversidades en tantos frentes de la vida: la resiliencia.

Fotografía de Noah Buscher en Unsplash

 

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Pocas personas podrían debatir el hecho de que las mujeres son resilientes: sus periodos y el proceso de parto son muestra suficiente de ello. Hombres, lo siento pero nosotros difícilmente aguantaríamos procesos similares.  Cuando a algunas de mis consultantes mujeres les digo que han desarrollado mucha resiliencia en su vida algunas me ven con una cara de incógnita: “¿Resiliencia? ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?”  Yo les respondo: ¡Todo!

Lee aquí: ¿Qué es la Resiliencia?

 

Las exigencias a la Mujer

En sesiones varias consultantes me han comentado que se sienten decepcionadas de ellas mismas. Cuando les pregunto por qué sus respuestas me hacen ver el poder que tienen los ideales contemporáneos: porque no son la madre, la pareja o la mujer que según ellas “deberían ser”. Cuando indago un poco más sobre estas creencias me doy cuenta de la exigencia que se hace a la mujer en el mundo actual abierta o secretamente.  ¿Qué se le exige? Que lo que haga lo haga bien e incluso, de forma “ideal”.  ¿Dónde se le exige? En todos los ámbitos. Aquí una lista de cosas que diversas mujeres me han comentado en sesión:

*Que sea una buena esposa/novia/pareja, casi casi que pueda leer la mente de su pareja para anticiparse a cualquier necesidad

*Que le cocine lo que le gusta a su pareja cuando se le antoja

*Que le tenga la ropa lista y bueno, impecable

*Que tenga la casa reluciente

*Que tenga surtida la despensa

*Que sea una madre “ejemplar”

*Que sea una madre “ideal”

*Que eduque “bien” a sus hijos

*Que esté al tanto de las cosas de la escuela de los hijos, de los amigos de los hijos, de sus clases extra, etc., etc., etc.

*Que escuche a su pareja cuando este tiene ganas de hablar, pero cuando ella quiere que la escuche la cosa cambia.

*Que resuelva cualquier pendiente

*Que no haga tanto pancho cuando su pareja sale con sus “amigas” mujeres

*Que sea entrona

*Que baje de peso

*Que suba de peso

*Que se arregle bien

*Que no se arregle tanto (¿o a quién le quieres coquetear?, me dijo una chica a quien su novio se lo mencionó)

Que en el trabajo :

* Haga bien su chamba, aunque le paguen menos que a sus pares hombres

*Que sea eficiente si quiere un ascenso, aunque a sus colegas hombres los asciendan a veces con menores esfuerzos y méritos.

* Que se conduzca a veces más como hombre que como mujer

* Que no sea tan blandita y sentimental

* Que demuestre sus ovarios

* Que se vuelva una c@b&0n@

* Que siempre no, que no sea tan c@b&0n@

*Si trabaja y tiene hijos,  que haga malabares y magia para cuando salga vaya corriendo a atender casa, hijos, y según el caso, pareja. 

*Y un laaaaaargo etcétera.

 

No tiene nada de malo enfrentar las adversidades, a veces sola, y salir vencedora de las crisis. El problema es cuando se intenta ser esa figura de mujer “ideal”, “fuerte”, casi invulnerable que la cultura ha ido creando y permeando en la sociedad. ¿Por qué? Porque los ideales al ser eso, ideales, no existen y son solo modelos que podemos utilizar como referencia.  Creer que se puede llegar a ser ese ideal puede provocar con el tiempo una gran frustración al darse cuenta que no lo son, como he podido ver en varias consultantes.  Además la imagen de “fuerte” a mucha gente le transmite la idea de ser invulnerable y la resiliencia implica todo lo contrario.

Lee aquí: La Sábila – Resiliencia hecha planta

 

Resiliencia no es = a ser invulnerable

Marcia, como le llamaré a esta consultante para guardar su privacidad, me dijo una vez:   Sí, ya he escuchado esa palabra que describe a gente fuerte, pero yo no lo soy.   Marcia sentía que no era lo suficientemente “fuerte” para sacar adelante sola a sus hijos pues acababa de separarse de su marido, aunque en la práctica ella fue la que se encargó de hacerlo en los últimos años.  Se sentía con mucha presión de hacerlo de manera impecable y por lo mismo se sentía culpable porque a veces no fluía con sus hijos de manera perfecta, sin errores.

Le expliqué que  más que fortaleza física o ser invulnerable,  la resiliencia es una capacidad que empieza en el cerebro que implica afrontar y recuperarse de las adversidades de la vida, como la que estaba viviendo ella: un divorcio más criar a sus hijos prácticamente sola, eso requiere mucha resiliencia, le dije. Sentir miedo, dolor o angustia por una situación así es PERFECTAMENTE NORMAL y eso no te hace “débil”. Tal vez ella no se percibía como “fuerte”, pero Marcia es muy resiliente.

 

Más que fuerte es ser flexible

De hecho déjame decirte lo mismo que le dije a Marcia: sin vulnerabilidad no hay resiliencia, pues no sentir miedo,  el clásico “nunca te rindas”  o  “a mí nada me afecta”  PARA NADA  son muestras de resiliencia, son más bien una defensa para no sentirnos vulnerables.  La resiliencia implica dejarnos sentir nuestras emociones y reconocerlas como parte natural de lo que sea que estemos viviendo y a pesar de ellas responder de manera flexible ante los retos de la vida. Tal como hace un bambú en vientos fuertes,  se dobla y gracias a eso se recupera de cualquier tormenta cuando esta pasa.

Implica reconocer que hombres y mujeres somos muy vulnerables por el simple hecho de llevar una vida humana y que a pesar de ello podemos aprender a navegar las olas de la vida y recuperarnos cuando alguna nos revuelca.

 

La Resiliencia en la Mujer

Probablemente hayas entrado a leer este artículo buscando entender cuál es esa “arma secreta” y dónde está. Sí, a veces el estrés en grandes cantidades puede descarrilar nuestra resiliencia, tanto a hombres como a mujeres, al menos temporalmente.  Lo bueno es que podemos volver al camino resiliente y reconectar con los recursos internos que ya tenemos dentro de nosotros. Y por eso digo que la mujer lleva la resiliencia encarnada en su cuerpo.

Piénsalo así, la biología las ha llevado a lo largo de la evolución a ser resilientes por el hecho de que ellas son quienes gestan nueva vida, aun si no tienen hijos, sus cuerpos son más resilientes para ello. Además durante buena parte de su vida ellas viven mes a mes su período, en algunos casos con cólicos de los que los hombres no tenemos ni la menor referencia.

Pero no termina en la gestación y el dar a luz, sino que además dedican muchísimos de sus recursos a criar esa nueva vida, una actividad muy demandante. Todo esto mientras cuidan también de ellas mismas y según el caso, a veces también de su pareja. Por si fuera poco, si la mujer trabaja, se suman todas las exigencias que éste demande. Este cúmulo de tareas requiere de muchísimos recursos: 

+ Atención dividida

+ Cuidado al detalle

+ Planeación

+ Visión a futuro

+ Empatía

+ Compasión

+ Toma de decisiones constante

+ Memoria de trabajo al 100%

+ Paciencia

+ Autocompasión férrea

+ Energía infinita, entre muchas otras más para enfrentar todos los retos del diario que esto implica.

 

La resiliencia es el arma

La Resiliencia es justamente la capacidad que hace que las mujeres puedan afrontar tantos retos y adversidades en tantos frentes, al mismo tiempo y lamentablemente en la actualidad, muchas veces solas.  Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) para 2019, 36.2 millones mujeres de 15 años y más residentes en México, han tenido hijos y de ellas el 9.9% son madres solteras. 


La Resiliencia es justamente la capacidad que hace que las mujeres puedan afrontar tantos retos y adversidades en tantos frentes


 

Hacerte cargo de tantas cosas y afrontar adversidades en tantos frentes (vida personal, familiar, pareja, trabajo) requiere de un cerebro resiliente que tome decisiones más adecuadas, que tenga mayor flexibilidad de respuesta y que se recupere de los atorones de la vida.

No es necesario ser sobreviviente de un desastre natural o una gran catástrofe para ser resiliente. La ocupamos también para los contratiempos y retos del diario: llamar a un cerrajero cuando perdemos las llaves, cuando nos decidimos a tener conversaciones difíciles con la pareja, algún familiar, amigo o compañero de trabajo, cuando perdemos el transporte a nuestro destino y tenemos que buscar otra alternativa.

Al utilizar tus recursos internos, que ya viste son bastantes, estás sacando provecho de tu resiliencia a tu estilo, desarrollando esa fuente de poder interior que te permite hacer frente a los retos y olas de la vida.  Sí a todos, hombres y mujeres se nos atora la resiliencia de vez en cuando, pero siempre podemos “desatorarla” y lo más importante, seguir cultivándola en el tiempo, pues es como un músculo que se puede ejercitar.

Lee aquí: Neuroplasticidad: más allá de las diferencias del cerebro del hombre y la mujer

 

El arte de la Resiliencia

Toda mujer tiene el potencial de dominar el arte de la resiliencia y nutrirte a ti misma, aun si hasta ahora era más fácil identificar las necesidades de los demás en lugar de enfocarte en tus propias necesidades. Hacer esto implica un esfuerzo extra. Cuando necesites  tomar una decisión acerca de lo que es bueno para ti, tu resiliencia está ahí para guiarte, para darle rumbo a tus acciones.

Tu resiliencia, ese gran recurso que ya está ahí adentro de ti, está esperando que le reconozcas  para verte a ti de nuevas formas  y que si la ejercitas como un músculo de verdad puede cambiar tu vida y ser esa mujer resiliente que disfruta vivirla.

Adéntrate en el arte de la Resiliencia, yo te acompaño.

 

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Edgard Ramirez
Edgard Ramirez
Viajero de nacimiento, coach y psicoterapeuta especializado en hipnosis ericksoniana por elección. Te ofrezco herramientas para reinventarte desde ésta y las neurociencias, pues acelera el cambio y la resolución de problemas de mis clientes.

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