Intensamente 2: Las emociones de la adolescencia

Tiempo de lectura: 9 minutos

 

Intensamente 2 refleja algunas de las emociones que se intensifican en la adolescencia y lo normal que es sentirlas, incluso aquellas que son incómodas.

Imagen de Pixar

Si viste la primera película de Intensamente, tal vez a estas alturas ya corriste a ver la segunda parte. Yo la vi con mi familia semana y media después del estreno y puedo decirte que me encantó. Al igual que la primera parte, en esta película podemos ver nuevamente las emociones de Riley, ahora una adolescente de 13 años con un repertorio emocional más amplio.

 

La ciencia de las emociones

Si recordarás fue en 2015 cuando salió la primera parte de Intensamente, convirtiéndose en un éxito de taquilla por su animación y sobre todo por el tema que abordaba, intrínseco a todos los seres humanos: las emociones. ¡Y no! No era la primera película de Disney, ni de ningún otro estudio en abordarlas. Pero sí fue una de las primeras en apoyarse en la ciencia de las emociones para llevarla a la pantalla de forma brillante y contar la historia de Riley, una niña de 11 años con un pie en la adolescencia.

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Dacher Keltner, Facultad de Psicología de UC BerkleyEn aquel entonces Pixar se acercó al Centro de la Ciencia para el Bien Mayor (Greater Good Science Centre)  de la Universidad de Stanford para asesorarse con su director, Dacher Keltner, y de esta forma plasmar en la primera película y en esta segunda parte también, las emociones humanas con bases científicas. El resultado se nota, pues Intensamente 2 también es una exploración profunda de la experiencia emocional humana. Resalta de manera magistral la complejidad de este mundo. Aunque no deja de ser una película originalmente pensada para público infantil, vaya que también podemos vernos reflejados los adultos.

Tal vez de los puntos que más me llamaron la atención en esta segunda entrega, sea la importancia que tienen TODAS las emociones para nuestro bienestar, aun las que quisiéramos exiliar en lo más recóndito de nuestra mente, como hicieron con Ansiedad. Así mismo destaca, al igual que en la primera parte, cómo al aceptarlas a todas como parte natural de ser quienes somos promueve un sentido de seguridad y pertenencia, a pesar de las olas de la vida.

 


La seguridad emocional no surge de eliminar emociones incómodas, sino de aprender a hacerles espacio sin perderte a ti mism@. 


 

En esta segunda parte Riley ya tiene 13 años. Está en una nueva etapa del desarrollo en el que su cerebro presenta cambios dramáticos que se ven reflejados en sus emociones. De pronto recibe una “actualización” en su tablero emocional, apareciendo nuevos personajes:

Aburrimiento: ¿Qué tal la cara de un adolescente cuando no encuentra qué hacer?  Esta es una emoción normal que aparece desde que estamos pequeños. La diferencia es que en la infancia utilizando nuestra imaginación podemos provocar  segregaciones de dopamina más fácilmente, el neurotransmisor de la promesa de placer. Cualquier cosa puede ser un juguete y eso nos  ayuda a sentir que la vida es divertida. En la adolescencia lo que sucede es que esa dopamina ya no se segrega con cualquier cosa, provocando que el adolescente se aburra muy fácilmente si no encuentra fuentes de dopamina.  

Envidia: Igual que el aburrimiento, podemos sentir envidia desde la infancia, pero se intensifica en la adolescencia pues comenzamos a darle mucho más peso a los pares. Podemos envidiar la popularidad de algunos, la aparente seguridad, destreza y  apariencia física de otros, pues la envidia nos indica que hay algo de los demás que quisiéramos para nosotros.  Al ser una especie tremendamente social la opinión que nuestros pares tienen de nosotros se vuelve muy importante en esta etapa y comenzamos a buscar un lugar dentro de los diversas tribus que surgen. 

Vergüenza: Caso parecido a las anteriores, pues comenzamos a sentir esta emoción desde que empezamos a dar los primeros pasos cuando los adultos que nos cuidan nos llaman la atención por algo que hemos hecho mal a sus ojos.  Esta emoción surge ante una sanción social en la que nuestro comportamiento no es aceptado por la razón que sea, provocando un miedo a la desconexión con los demás, algo muy doloroso. Cuando nuestras acciones nos ponen en riesgo o a alguien más es normal que surja la vergüenza. La cosa es que en la adolescencia se puede exacerbar al no sentirse el adolescente aceptado/ aceptada por alguien o por algún grupo, incluso si solo es por la ropa que usa. 

 


La vergüenza surge ante una sanción social en la que nuestro comportamiento no es aceptado por la razón que sea, provocando un miedo a la desconexión con los demás, algo muy doloroso.


 

Esta emoción activa el sistema nervioso parasimpático, la rama dorsal vagal, provocando una sensación visceral muy incómoda. Cuando sale de proporción y si es muy frecuente puede ser una de las emociones más corrosivas del ser humano. El/la adolescente puede perder de vista que fue un comportamiento (hice algo vergonzoso) el que lo/la llevó a experimentar  vergüenza y confundirlo con una evaluación errónea del “yo” (soy algo vergonzoso), creando la sensación de que somos defectuosos, inadecuados y de que algo está mal en nuestra esencia.  La verguenza puede ser un gran descarrilador de la resiliencia que tanto necesita el adolescente en esta etapa. 

Y finalmente la que se lleva la película…

 

Ansiedad, una emoción normal

Al igual que las anteriores, la ansiedad puede sentirse en cualquier etapa de la vida pero puede volverse más recurrente en la adolescencia por el peso que tiene ahora la vida social. Es una emoción que activa el sistema nervioso simpático, activando al respuesta de estrés y preparando nuestra cuerpo para enfrentar la amenaza: huyendo o luchando.

Por eso la experimentamos con sensaciones viscerales como respiración agitada, taquicardia, nerviosismo generalizado, sudoración, miedo, intranquilidad o tensión. Como bien lo muestra la película, los detonadores comunes de esta emoción son los pensamientos negativos anticipatorios, o sea de algo que aun no ha sucedido, o como me gusta decirlo: catastrofizaciones. Una de las funciones de la ansiedad es anticipar posibles amenazas o dificultades para prepararnos ante ellas. El problema surge cuando esa capacidad de anticipación se desborda y comienza a generar escenarios catastróficos que rara vez ocurren. Con frecuencia, detrás de esa anticipación excesiva existe el intento de protegernos de experiencias dolorosas como la vergüenza, el rechazo o la exclusión.

 


 Con frecuencia, detrás de esa anticipación excesiva de la ansiedad existe el intento de protegernos de experiencias dolorosas como la vergüenza, el rechazo o la exclusión.


 

Riley ahora se enfrenta a los retos sociales comunes en la adolescencia: el duelo por la pérdida del “yo” niño/niña, el peso de los pares en la autoimagen,  la búsqueda de pertenencia al grupo y la posibilidad de ser excluidos, algo que a esa edad podemos vivir como una cuestión de vida o muerte. Tanta es la necesidad de buscar la pertenencia y aprobación de otros que el adolescente desarrolla una hiper conciencia hacia los demás, buscando gestos que confirmen la validación, o bien que la nieguen. ¿Recuerdas la escena cuando Ansiedad hace un segundo escaneo del rostro de su compañera buscando y encontrando el microgesto que , según ella, comprueba la desaprobación hacia Riley?   

Por ello es que Riley, igual que millones de adolescentes en el mundo, se ve influenciada por sus pares y muy importante: por las expectativas reales e imaginarias, implícitas y explícitas que sus pares tienen y las que ella cree que tienen sobre ella. Esto es otro factor que le provoca ansiedad. 

Como mencionaba arriba, la ansiedad así como las otras emociones que aparecen ahora, no son exclusivas de la adolescencia, pero sí se intensifican mucho pues ahora el adolescente se encuentra en búsqueda de su propia tribu. Como Riley que trata de impresionar a su nuevo grupo de “amigas” del hockey. Y con tal de pertenecer muchos/muchas son capaces de cosas que antes no se hubieran imaginado con tal de ganarse ese “lugar” y encajar en un grupo.

 

Las emociones incómodas

Uno de los grandes aciertos de Intensamente 2 es mostrar algo que muchas personas olvidamos: sentir emociones incómodas no significa que algo esté mal con nosotros. Ansiedad, vergüenza, tristeza, miedo o enojo forman parte normal de la experiencia humana. Sin embargo, muchas veces aprendemos a relacionarnos con ellas como si fueran un problema que debe eliminarse cuanto antes.

No es raro que adolescentes y adultos lleguen a terapia preguntándose cómo dejar de sentir ansiedad, cómo quitarse la tristeza o cómo hacer desaparecer el miedo. Pero el objetivo no suele ser eliminar emociones, sino aprender a relacionarnos con ellas de una forma diferente. Las emociones son señales, intentan comunicar algo acerca de nuestras necesidades, nuestros límites, nuestras relaciones o nuestro entorno. Cuando podemos reconocerlas y darles espacio sin que tomen el control completo de nuestras acciones, suelen volverse mucho más manejables.

 


Intensamente 2 refleja algo muy importante pues normaliza que el sentir emociones incómodas no significa que algo esté mal con nosotros.


 

Por eso me pareció tan acertado que la película mostrara a Ansiedad no como una enemiga, sino como una parte de Riley que intenta ayudarla, aunque termine generando problemas cuando asume el control absoluto. La meta no es expulsar a Ansiedad de la sala de control. La meta es que ocupe un lugar adecuado dentro de ella.

Lee aquí: ¿Qué hacer con las Emociones? Déjate sentirlas

 

Por ello me pareció muy acertado cómo la película muestra lo incómodo que pueden ser. Por ejemplo, cuando Ansiedad llega a tomar el control total de las acciones de Riley en el partido clave del torneo. Al hacerlo Riley llega incluso a ignorar y hasta empujar a las amigas que originalmente buscaba impresionar. Es tanta la presión interna que tiene por lograrlo que experimenta un ataque de ansiedad. Y aunque tal vez no todos los adolescentes lleguen a experimentar uno en su vida, sí que experimentarán ansiedad alguna vez en esta etapa.

Como con cualquier otra emoción incómoda, se trata de darle la bienvenida cuando surge pero evitando que se desborde, y como en la película, que tome el control total. Esta es la gran diferencia entre un adolescente que puede llegar a sentirla en algún momento y otro que puede empezar a desarrollar ansiedad generalizada, algo tristemente común en la adolescencia al estar el cerebro en una especie de “remodelación”.

Lee aquí: Primera llamada a nuestra vocación/propósito de vida: La Adolescencia

 

¿Esas son todas las emociones?

Imagen de Joan Vincent Canto

Ni Intensamente 1 ni 2 reflejan todo el repertorio emocional humano pues sería muy difícil mostrarlo todo en una película. De hecho sus creadores originalmente y tratando de apegarse un poco más a la propuesta de las emociones de Paul Ekman, psicólogo norteamericano pionero en su estudio,  tenían pensado incluir 24 emociones para esta segunda parte. Como te imaginarás son demasiados personajes para contar una historia sin perder el mensaje principal. Por ello decidieron que dejarían algunas otras para una probable tercera parte.  Tal vez lo que a mí me hubiera gustado que aparecieran más son algunas emociones más exaltadas que comienzan a asomarse en esta etapa, como la empatía y la gratitud.

Si bien Val -la nueva amiga a la que tanto quiere impresionar Riley- se muestra empática con ella, quiere que sea ella misma y que no se enfoque en cumplir las expectativas implícitas y explícitas de los demás, dicha empatía no aparece como un personaje como tal. Sí, es cierto, esta emoción no está del todo desarrollada a esta edad pues el cerebro aún no termina de desarrollar todas las áreas involucradas en ella. Pero ojalá si de verdad Pixar realiza una tercera entrega incluya más emociones de este tipo que también normalice la empatía y la compasión, emociones también normales y que el mismo Dacher Keltner ha mencionado, son las que nos han ayudado a sobrevivir como especie.

 

Integrar, no eliminar 

Quizá la lección más valiosa de Intensamente 2 es que el bienestar no surge cuando eliminamos las emociones incómodas, sino cuando aprendemos a relacionarnos con ellas de una forma más saludable.

Muchas personas llegan a terapia convencidas de que el problema es sentir demasiada ansiedad, demasiada vergüenza o demasiada tristeza. Sin embargo, con frecuencia el sufrimiento más profundo no proviene de la emoción en sí, sino de la lucha constante contra ella. Cuando crecimos en entornos donde nuestras emociones fueron invalidadas, ignoradas o resultaban demasiado difíciles de expresar, es común desarrollar una relación complicada con nuestro mundo interno. Aprendemos a desconectarnos de algunas emociones, a sentir vergüenza de otras o a vivir en un estado de alerta constante.

La buena noticia es que estas formas de adaptación pueden transformarse. Aprender a reconocer tus emociones, comprender lo que intentan comunicarte y desarrollar mayor capacidad de regulación emocional puede ayudarte a relacionarte de forma distinta contigo mismo y con las personas importantes en tu vida.

Si te identificas con estas dificultades y deseas trabajar en ellas de manera más profunda, será un gusto acompañarte.

 

 

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Edgard Ramirez
Soy psicoterapeuta, consultor organizacional y facilitador de procesos de cambio humano. Mi trabajo integra psicoterapia ericksoniana, neurociencias, desarrollo organizacional y una profunda comprensión de los sistemas humanos. Me interesa especialmente ayudar a las personas a recuperar claridad interna en momentos de agotamiento, fortalecer su capacidad de respuesta ante la complejidad y construir formas más sostenibles de relacionarse consigo mismas y con los demás.

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